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Descubre cual es verdadera evidencia de que eres hijo de Dios.

Me impacta la ola que se ha levantado en el evangelio de estos tiempos. Más bien la línea que ha tomado en general, distanciándose cada vez mas de los lineamientos originales. Donde la prueba del amor de Dios se difusa en el horizonte.

Un evangelio que se rige por las emociones del hombre, que persigue todo menos lo esencial, que da importancia o lo insignificante. Ese evangelio que alimenta el ego del hombre hasta que ya no es capaz de comprender el misterio de la cruz.

Me hace recordar las tendencias del evangelio de los discípulos del Señor, que no tenían más de lo necesario, que compartían todo entre todos, donde el pobre y el menesteroso no eran olvidados. Me viene a la cabeza el mismo Jesús que no tenia donde recostar su cabeza y justo era, lo que en primera instancia, advertía a todo el que quería seguirle.

Y lo contrasto con lo que me venden hoy en día, apóstoles que flotan en abundancia, que egoístamente mercadean con la fe de los fieles, que a cuesta de uñas y dientes, viven para elevarse ellos y sus fortunas.

Pero en esta ocasión quiero tratar un parte relevante en esta nueva modalidad. Hablemos de los milagros, los dones, la autoridad. Me refiero a eso que tanto buscan fervientemente, la posibilidad de ser usados por Dios.

Y todo comienza genuinamente, un deseo humilde y desinteresado de ser portador de la gloria de Dios, todo gracias a ese concepto que se ha infiltrado en las iglesias, donde estas manifestaciones, son lo que se considera, la evidencia de un verdadero hijo de Dios. Porque el afán no es con dones que no se aplauden, porque solo desean lo que causa revuelo y llama la atención, ¿será que la mano del Señor y su gloria no está detrás de bambalinas?

Pero la realidad es que poco a poco esta sed de volverse relevantes, grandes en el Señor, me suena a un engaño de la mente del ser humano. No dice la biblia en Marcos 10, cuando 2 de los discípulos se acercan a Jesús disputando el sentarse a su diestra, a lo que el Maestro responde en los versículos del 42 al 45 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Y aquí se derrumban todas esas explicaciones que intentan convencerme de que no hay ninguna falla en esta práctica, que cada vez más, crece en el pueblo de Dios. No es más que el ego del hombre, disfrazado de buenas intenciones. Porque no salir a sanar a pueblos lejanos y de escasos recursos donde no hay comodidades, pero si en estadios y con tarifas excesivas que quienes verdaderamente necesitan el milagro no pueden pagar.

Si, Jesús hacia milagros, pero lo hacía a todo el que estaba a su paso, a todo el que lo pedía con fe, lo más que hizo alguien para llegar a él, fue arrastrarse entre la multitud o subirse a un árbol.

Y claro que debe haber milagros entre nosotros, claro que debe haber sanidades, claro que hay que echar fuera a los demonios. Pero bajo ninguna circunstancia esta será nuestra tarjeta de presentación, no es la evidencia de la genuina transformación,  mucho menos nuestra meta u objetivo. No hay forma de que esto sea evidencia del evangelio en nuestra vida. Si cuando Jesús sanaba a alguien, ni siquiera era la sanidad lo que exaltaba, sino la salvación, cuando decía “Tu fe te ha Salvado”.

Evidencia es Hebreos 12:14 – Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Evidencia es el Fruto del Espíritu emergiendo ante todos y alumbrando la oscuridad. Si bien es cierto que los espíritus malignos reinan en oscuridad y hacen daño al mundo que esta sin Cristo, mas cierto es que mas perjudica la escasez del amor, la paz, la mansedumbre, entre los integrantes del cuerpo de Cristo.

Y porque no cambiar el enfoque, porque no perseguimos con la misma furia e insistencia la humildad y saciar a los necesitados, cubrir de amor a los desfavorecidos y veremos cómo lo demás llegará por consecuencia.

David, el mayor guerrero que se registra en la Biblia, los demonios huían ante su adoración, y aunque se registra en la biblia la ocasión en la que echó fuera los demonios que atormentaban a Saúl, vemos como este hombre se enfocaba tanto en lo que había en su corazón, en aprender a perdonar, en ayudar a otros, su primera misión fue ser pastor de ovejas y sin darse cuenta se transformo en el rey David, grande en Dios, pero no porque echaba fuera demonios, la evidencia era que procuraba hacer la voluntad del Padre, porque se veía como nada ante los ojos de Dios.

Y como dice 1ra de Corintios 13.

1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;

10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Para hacer milagros solo hace falta fe, como una semilla de moztaza, para vivir una vida en santidad, hace falta toda la mente, toda el alma y el cuerpo.