Juan 4 : 50

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“Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”.

Jesús no tuvo que tocar al niño. Todo lo que hizo fue decir la palabra y el hijo fue curado al instante (v. 53).

Este hombre se habia trasladado más de quince kilómetros de Capernaúm a Caná para encontrar a Jesús. Su hijo no estaba con Él, pero las palabras que Jesús pronunció, desataron la fe en el corazón de este hombre, la palabra hablada de Jesús tiene tanto poder que no existen barreras (como el tiempo o el espacio)

Esto es difícil para nosotros comprender.

Nos pasamos toda una vida aprendiendo las condicionantes físicas y como adaptarnos a ellas. Pero no hay barreras que retengan al poder de la Palabra de Dios. Jesús creó todo en este universo físico con sus Palabras, y la creación responde a todo lo que Él dice.

El Señor dio su Palabra a los Judíos, pero que no lo creían. (Hebreos 4:2) dice: “… la palabra predicada no les aprovechó por no ir acompañada de fe en los que lo oyeron”. Se nos ha dado la palabra de Dios también en la Biblia. Si vamos a hablar la Palabra de Dios en fe, vamos a obtener los mismos resultados que Jesús obtuvo aquí y hasta mayores.

El problema nunca ha sido la Palabra, el problema son los receptores de ella.