La profecía del Profeta Ezequiel sobre Israel se está cumpliendo en nuestros días.

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Esta es una semana muy simbolica. Que apunta la transición entre dos hitos históricos, diametralmente contrarios,  que incidieron profundamente al pueblo judío. Por un lado, este pasado jueves conmemoramos Yom HaShoa, el día del Holocausto, y por otro lado, este próximo jueves celebraremos Yom ha’Atsmaut, el día de la Independencia de Israel.

Los judíos han padecido incontables persecuciones, matanzas y progroms. En todas partes y en todos los tiempos. Pero nunca como en la Shoah. Tanto en términos absolutos como relativos, nunca hubo una matanza tan arrasadora como la Shoah. Nunca el pueblo judío estuvo tan próximo a desaparecer. Hubo un momento, en 1944 o 1945, cuando los Nazis barrieron con medio millón de judíos de la comunidad Húngara en solo 6 meses, o cuando ya nadie se atrevía a contrariar al Tercer Reich, o cuando Erwin Rommel estaba preparando las cámaras de gas en Túnez para transportar allí y gasear a todos los judíos del Norte de Africa, Palestina, Siria, irán e Irak, en esos momentos se perdieron todas las esperanzas. Parecía que estaban condenados a morir o ya muertos. Enterrados. Era el final…

Entonces, el milagro que prometieron los profetas hace tanto tiempo atrás llegó. Y en el periodo de sólo tres años, que en el contexto de la milenaria historia de este pueblo es menos que pestañear, empezó el KIBBUTS GALUYOT, el retorno a la tierra. HaShem los sacó de nuestras tumbas y los trajo de nuevo a Israel. Y desde las cenizas, el pueblo judío comenzó a renacer.

Hace mucho tiempo, más de 2500 años atrás, el profeta Ezequiel (Yejezquel) tuvo una visión profética (nebua) muy particular  En esta visión (Ezequiel capitulo 37) HaShem lo transportó a un valle. Y en ese valle había huesos. Muchos huesos. Huesos humanos. Huesos secos. No hay nada mas muerto que un hueso seco.  Ezequiel lo vio y no dijo nada. Y entonces, en esa vision, HaShem le dijo a Ezequiel: “Hijo del hombre: ¿Crees tú que estos huesos podrán volver a la vida?. Y Ezequiel, en una combinación de humildad y sorpresa le contesto: “HaShem, D-s, sólo Tu los sabrás”

Y entonces hubo un ruido ensordecedor. Y los huesos empezaron a moverse. Los huesos se juntaron con otros huesos y formaron esqueletos. Y los esqueletos se revistieron de venas, y de nervios y de carne y finalmente se cubrieron de piel.  Ahora ya no eran huesos sino cuerpos humanos sin vida.  Cadáveres. Y entonces HaShem le dijo a Ezequiel: “Profetiza para que a estos cuerpos les llegue un hálito de vida…. que se introduzca en estos cuerpos y que vuelvan a vivir.” Y así fue. “Y un hálito de vida ingresó en los cuerpos y se pusieron de pie. Era un gran ejercito, muy numeroso”. Y entonces HaShem le dijo al profeta Ezequiel: “Hijo del hombre, estos huesos son la casa de Israel. Ellos dicen, nuestros huesos se han secado, hemos perdido nuestra esperanza, hemos sido condenados [a desaparecer]. Por eso, quiero que profetices y les digas [a Israel]: así dice HaShem, D-s, he aquí que Yo abriré vuestras tumbas, y los levantaré de vuestras tumbas y los llevaré a la tierra de Israel. Y así sabrán que Yo soy HaShem, cuando abra vuestras tumbas, y los saque de ellas, pueblo Mío. Y les concederé un espíritu de viva y reviviréis. Y los conduciré a vuestra tierra. Y entonces sabrán que Yo soy HaShem. Yo prometí y Yo cumplí.”.

Es imposible no relacionar esta profecía con 1945 y 1948. En 1945 Israel estaba condenado a desaparecer. No eran mas huesos secos, o quizás peor, cenizas. Y entonces, cuando ya los Goyim pensaron que habían desaparecido, que ya nunca más volverían a ser un pueblo, que todas las milenarias profecías nunca se cumplirían, ocurrió el milagro más grande:  HaShem abrió nuestras tumbas, nos levantó y nos trajo a Israel. HaShem lo prometió. Y lo cumplió. .