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No dejes que la multitud impida tu milagro

Muchas personas en el mundo enfrentamos muchas veces dificultades tan terribles que incluso parecen no tener solución, problemas que parecen no terminar, agotamos todos los recursos y hacemos todo el esfuerzo necesario para hallar ls respuesta pero solo un milagro nos puede salvar.

La Biblia, que es la palabra de Dios, narra la historia de una mujer con un grave problema de salud, lo terrible de su enfermedad era que por más que se había esforzado en buscar la cura no la habían encontrado; dice la palabra de Dios que esta mujer había gastado todos sus recursos económicos sin hallar resultados.

Esta mujer no solo tenía el dolor de su enfermedad, su dolor era peor, pues no tenía más opción, además de que la sociedad también la rechazaba por su condición.

Esta mujer nombrada por los escritores solo como “una mujer con flujo de sangre” escuchó hablar de Jesú, de queera capz de sanar cualquier enfermedad. Llegó un día en que Jesús pasaba cerca de donde estaba aquella mujer, ella, al oír que el sanador pasaba por allí procuró acercarse a él, pero temía ser descubierta por alguien, no le era permitido estar entre la gente, debia estar excluida y lejos del contacto humano; pero su disposición pudo más que cualquier obstáculo, que cualquier barrera mental, ella decía en su corazón: “Si tan solo tocare el borde de su manto”.

Veamos cuales obstáculos tenia esta mujer para llegar a Jesús y provocar el milagro:

  • La vergüenza.
  • Miedo a ser descubierta.
  • El dolor de su enfermedad.
  • Ya no podía caminar.
  • Una gran multitud alrededor de Jesús.

La disposición de su corazón fue el desencadenante de su milagro, dejó atrás la vergüenza y dijo dentro de si, “no me importa que me vean”, hechó a un lado el miedo, se olvidó de su dolor, “si no puedo caminar entonces me arrastro y entre la multitud me confundiré hasta llegar”. Inmediatamente tocó el borde del manto de Jesús recibió lo que por doce años estuvo buscando y no encontró; el flujo de sangre se detuvó en aquel mismo instante.

¿De qué tienes miedo? A Jesús no le es molesto que le toques con fe. ¿A quién le tienes vergüenza? Si quien espera a que te atrevas es Jesús, el que hará el milagro. Olvídate del dolor, si no puedes caminar, arrástrate, identifica la multitud que no te deja llegar y atraviésala; la multitud puede ser una traición, raíz de amargura, resentimiento, dolor, pena; identifica esa multitud y atraviésala, que Jesús está esperando solo para decirte: NO TEMAS TU FE TE HA SALVADO.