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El verdadero secreto de la Sabiduría de Dios.

conociendo el verdadero secreto de la sabiduría de Dios

Proverbios 4:7-9 Sabiduría, ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; Corona de hermosura te entregará. Partiendo de esta porción Biblia podemos ver el verdadero secreto de la sabiburía de Dios

Salomón, el escritor de los proverbios, relata en este capítulo, una de las enseñanzas que recibió de su padre David. Este le encomendaba acentuadamente, que, sobre todas las cosas, ponga como su objetivo de vida alcanzar sabiduría, sabiduría ante todo y repite adquiere sabiduría. Es como si David supiera que Salomón tendría la posibilidad de alcanzar muchas posesiones en la vida, pero en su experiencia, nada vale más que la inteligencia.

La Biblia relata una experiencia de Salomón, en la que, orando, Dios le pregunta que es lo que desea que le sea atribuido. Salomón parece que atesoró muy bien las enseñanzas de su padre, así que respondió que solo quería Sabiduría y así le fue concedido. Me imagino que cualquiera nosotros en una situación como esta, rápidamente pensaría en tener mucho dinero y poder. Pero qué casualidad, Salomón, no solo fue el hombre más sabio de todos los tiempos, en consecuencia, fue también el hombre más rico y poderoso.

A partir de aquí me gustaría despejar dos puntos importantes.

Primero ¿Se han dado cuenta como hay personas que se convierten en millonarias de la noche a la mañana, normalmente con golpes de suerte, y en poco tiempo regresan al punto de partida o peor? Pues es lo que sucede, cuando lo único que se tiene es dinero. Igual conoceremos personajes públicos que logran fama a través de su belleza, pero son tan efímeros y temporales, que al final, poco se recuerda de ellos, esto es lo que sucede, cuando lo único que se tiene es belleza. Pero por qué no hablar de líderes que acaban con todo un país y un pueblo, no sabiendo aprovechar sus recursos o peor aún, derrochándolos, esto porque lo único que tienen poder.

Así que, parece que David tenía razón, puede que tener belleza, dinero o poder, en estos tiempos resulte apetecible, pareciera que todos los problemas se resuelven con estos atributos, pero lo que no acabamos de entender es lo efímero que son los beneficios que pueden proveernos si no hay sabiduría para administrarlos, si la inteligencia no predomina, es mejor no tener nada.

En estos tiempos ha variado la prioridad, se venera el complemento y no la verdadera esencia. Los chicos dejan la escuela para invertir esfuerzos en alcanzar la fama, y claro, cuando digo esfuerzos, me refiero a repetir lo que a otros les ha dado resultado, sin medir consecuencias. La meta es dinero fácil y rápido. Y no digo que la escuela de sabiduría o inteligencia, pero el conocimiento que en ella se adquiere es parte importante para desarrollar la sabiduría.

Y aquí está el segundo punto, la frecuente confusión, entre la sabiduría, la inteligencia y el conocimiento.

El conocimiento se define como, hechos o información adquiridos por una persona a través de la experiencia o la educación, la comprensión teórica o práctica de un asunto referente a la realidad.

Una definición sencilla de inteligencia, la describe como la capacidad de generar información nueva combinando la que recibimos del exterior con aquella de la que disponemos en nuestra memoria.

La sabiduría entonces, es un carácter que se desarrolla con la aplicación de la inteligencia en la experiencia propia, obteniendo conclusiones que nos dan un mayor entendimiento, que a su vez nos capacitan para reflexionar, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de la verdad, lo bueno y lo malo.

Pero hay un detalle importante, porque hay en el mundo mucha gente que se hace llamar sabio, y así lo parece, científicos que se dedican a descifrar la complejidad del universo, expertos en artes que elaboran piezas tanto visuales como auditivas, que deslumbran los sentidos, entre otras muchas áreas.

Pero son esas mismas personas las que acaban envueltas en un vacío existencial, acaban retractándose de las teorías que defendieron durante toda una vida, y muchos, a pesar de haber tenido “todo” (o lo que hoy en día se considera todo), acaban pensando en el suicidio como única opción.

Aquí el mismo Salomón, luego de haber vivido muchas cosas, luego de haber probado tanto, se detiene y concluye: Eclesiastés 1:18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

Pero entonces como que la cosa se pone confusa, ¿es buena o no la sabiduría, debo perseguir el conocimiento y desarrollar la inteligencia?

Lo que sucede es lo siguiente, el enemigo se ha dedicado a replicar las cosas de Dios y a tergiversarlas, por eso Pablo se dispone a aclarar la incógnita en Santiago 3: 3-17 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

Y Salomón lo sabia, cuando dice en Eclesiastés 7:29 He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo recto al hombre, pero los hombres buscaron muchas artimañas.

Que más se puede añadir, es fácil confundirse, el mismísimo Salomón, lo hizo. Por eso luego de hacer un desglose de sus vivencias y experiencia en el libro de Eclesiastés (te recomiendo que lo leas si quieres aprender más), resume todo en un versículo muy significativo, Eclesiastés 12:13-14 El fin de todo este asunto que has oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con toda cosa oculta, buena o mala.

Es muy poco común que las personas que tomán la oportunidad de enseñar escojan el hablar del verdadero secreto de la sabiduría, debido a que pocos le gusta mostrar lo que en verdaderamente enseña la Biblia.